sábado, enero 26, 2008

Ciudad (última de la serie)


Pub


Simples manchas de duda en el pensamiento, morderse los labios y no saber qué hacer. Por un lado está el volver que no no no si loco y por otro un camino confuso, largo y llenísimo de curvas.

Pub


Hombre bebiendo una pinta


Volver, pasados los años,
hacia la felicidad
-para verse y recordar
que yo también he cambiado.
(Jaime Gil de Biedma)

Pájaro bajo un puente


Mujer con una cerveza


Dublín

La siguiente miniserie está ubicada en Dublín. Sólo estuve un fin de semana así que sólo hay tres o cuatro fotos que merezcan la pena...

(sonrisa)

sábado, enero 05, 2008

chica entre un campo de arroz y un río (última de la serie)

Ésta es la última fotografía de la serie dedicada a Vietnam. Siempre tengo una sensación extraña en estos momentos, al acabar algo. Es como nostalgia y alivio, ambas a un tiempo. Nostalgia por lo que fue y ya no volverá a ser -descubrir fotos de aquellos días, poco a poco-. Alivio porque regreso al presente y descubro que aún hay infinitos caminos por descubrir.

eduardo

Además de todo lo que aprendí en Vietnam por la gente y su país, Eduardo me dio un par de lecciones acerca de la vida. Cómo disfrutar de un día de lluvia. Cómo jugar al fútbol. Cómo hacer trucos de cartas a niños. Cómo hablar con alguien sin entender su idioma. Cómo ser paciente conmigo.

trampilla de madera


serpiente


ladera de una montaña


pueblo


mujeres quemando dinero fotocopiado


calle


Camino en un bosque subtropical


niño


cocina


jungla en un día de niebla


hombre en una ventana


farola


chicos con una pelota


insecto


mujer con un monedero


chico


mujer sentada


hombre tirado en la calle



Una vez me desperté en la calle, estaba tirado en un portal y no sabía cómo había llegado allí. Tenía los ojos irritados de llorar pero no recordaba el motivo. Me dolía el cuerpo, la cabeza, todo. Era noche noche. Me levanté. Me fui. Me prometí a mi mismo que nunca volvería a pasar.

dos personas en bicicleta


gente hablando


jueves, enero 03, 2008

Niños en una escuela


Mi madre fue maestra durante muchos años. Cuando era muy pequeño iba con ella a una escuela rural en la Galicia profunda, un lugar llamado Picotos. Íbamos en un seat 127 azul al que ella llamaba Juanito II, nunca supe el motivo de este bautizo. La escuela estaba en la parte alta de una colina, tenía dos pisos aunque la parte de arriba -que yo recuerde- tenía el suelo de madera podrida y había riesgo de derrumbe y muerte si se caminaba por él. Todo olía a pintura húmeda, a verde, a pupitres de madera gastada. Cierro los ojos y tan sólo tengo tres recuerdos nítidos de aquella época:
El primero cuando me rompí la cabeza jugando a los vaqueros en la parte de atrás. Sangraba tanto que tuvieron que graparme el cráneo para poder detener la hemorragia.
El segundo cuando intenté mear yo solo porque me daba vergüenza interrumpir la clase. Era tan pequeño que no sabía así que me lo hice encima.
El tercero cuando vi a Margarita por primera vez; y sus trenzas rubias.
Además me recuerdo, muy vagamente, cogiendo castañas en un árbol y un muro de musgo (que me daba miedo saltar).

Gente


río


Mujer haciendo calceta

Recordad -es importante- que de las cosas más simples podemos obtener un placer complejísimo. Y al revés.

Gente en motocicleta


Arma

Fuimos, cerca de Saigón, a una zona de árboles frutales traídos por los franceses llamada Cu Chi. En tiempos de la guerra con los americanos había sido declarada zona de "fuego libre", es decir, los soldados podían disparar a voluntad a todo lo que vieran. Esto era así porque los vietkong se habían hecho fuertes, construñido túneles, puesto trampas y la de dios en verso; les interesaba tener una amenaza constante cercana a Saigón y los americanos -por mucho que le tiraron- no consiguieron sacarlos de allí en toda la guerra. Muchas veces cuando vemos acción en películas -como por ejemplo Good Morning Vietnam, cuando se van con el jeep- es de esta zona de la que hablan.

Hoy en día tienen abiertos los túneles a las visitas. Más o menos están bien pero te llevas un shock cuando al final de la visita puedes -a un dolar la bala- emular los tiempos de la guerra disparando armas de verdad. Puedes ver la cara desencajada y feliz de los turistas disparando su propio m16 -y abatiendo gente imaginaria-.

Perro en un campo