viernes, 4 de septiembre de 2020

jueves, 3 de septiembre de 2020

miércoles, 2 de septiembre de 2020

...

 

Después de la visita a La Verna, que es una cueva bestial en el Pirineo francés, no consigo quitarme la sensación de que están un poco locos. Y me explico: vas a su web y te ofrecen un paseo “deportivo” de dos horas, sin explicar nada al respecto, que es guay, que llegues un rato antes y blablabla.

Luego cuando te personas allí tras una ruta maravilla por el puerto de montaña (la garganta de Kakuetta es famosa por quitar el hipo, aunque está cerrada por el virus) descubres que el guía es un espeleólogo demente, humorista fracasado, temerario y básicamente idiota que va a ser el encargado de que no te mates.
 
Y es que lo que sucede luego no es un paseo. Te dan un casco, un auricular y una palmada en el culete. Y padentro.
 
Yo que voy para viejo ya he estado en muchas cuevas; lo normal es que camines un rato pensando en Platón, admires las florituras naturales, te asomes por algún pozo o chimenea, evites tocar estalagmitas y santas pascuas.
 
No en la Verna.
 
Aquí todo va así cuando de repente el loco os saca del camino y se mete por un río subterráneo por el que va saltando de roca en roca. Si fallas, caes a una catarata de aguas frías y probablemente mueres. Sobra decir que está resbaladizo y no hay la menor ayuda. A lo Julio Verne, como si fueses el primero que pasa por allí.
 
Luego avanzas dejándote las uñas por unas paredes inclinadas con pedrolones puntiagudos abajo; no es que sean letales pero dan de sobra para romperte todo. Tampoco hay seguridad del menor tipo y ojo que si te quedas sin luz tampoco hay de emergencia. Además al tarado le encanta dejaros a oscuras, cosa que hizo dos o tres veces. 
 
Cuando tu cuerpo ya te tiene chutado de adrenalina y crees que puedes con todo a pesar de que la mascarilla no te deja respirar, empieza lo peor: un descenso por la gigantesca sala (que es la mayor del mundo y en la que cabe Notredame con holgura, y más ahora sin el pirulo) con una cuerdecita y una pendiente de 70 o 75 grados. Si te sueltas mueres. Si resbalas también porque ni llevas guantes ni arnés ni nada.
 
Por tramos acabas gateando por la piedra y el lodo por tu propio bien. Tres personas del grupo se hostiaron con suerte, es decir que siguieron de una pieza sin nada roto, lo que me pareció un milagro.
 
A todo esto, mientras tanto el guía iba delante a su ritmo sin esperar a Jesucristo ni ayudar a nadie, haciendo chistes en francoespanish y narrando quién había muerto allí en qué año. Ni se enteró de los heridos. El grupo era de unos doce y que yo viese sólo una mujer vasca se molestaba en ayudar.
 
La grande llegó al final cuando había que subir todo lo descendido pero sin cuerda en unas paredes de cueva embarradas y pedregosas. A mitad de subida hice un Edith (todos la conocen como mujer de Lot, pero la chica tiene nombre) y miré atrás. Me cagué en la puta, un abismo oscuro y terrible aguardaba al infeliz que diese el menor traspié.
 
Inexplicablemente llegamos arriba sanos y salvos. Admiramos la caverna por última vez (es tan grande que hasta volaron en ella un globo aerostático hace unos años, con 194 metros de altura y 245 de ancho) y nos piramos aliviados.
 
Ceci acabó embarrada. Coco, a todo esto, había ido todo el rato conmigo en su saquito. Sospecho que es el primer perro que baja allí. 
 
Huimos despavoridos en el coche. Íbamos solos por la montaña pensando en la cueva cuando nos envolvió una niebla densísima que nos obligó a ir a 15 por hora. Tuvimos que parar un par de veces porque había vacas que cruzaban serenamente la carretera, se escuchaban sus cencerros en la bruma.
 
Una hora así y dejamos la niebla atrás. Paramos a respirar en el siguiente pueblo donde resultó que había una fiesta local vasca. Hicimos lo más humano tras pasar miedo que es comerse un buen asado de cordero.
 
Y así fue.

sin título (Avignon, Francia : 2020)

 


viernes, 17 de julio de 2020

...

Ya habían pasado nueve años desde el 11S cuando saqué esta foto. Por aquel entonces la obra del sustituto -el triste One World Trade Center- estaba parada en litigios y limpieza del fondo del suelo de Manhattan, donde por cierto apareció un galeón.

Antes de ir a los Estados Unidos tenía una idea totalmente fantasiosa sobre lo que son las construcciones allí. Pensaba en torres magníficas que ni el Saruman podía igualar. Todo pulidito y milimétrico. Mi ajuste de realidad fue demencial.

No existen líneas paralelas en los apartamentos, ni un simple dintel está bien puesto. Los suelos jamás son planos y lo habitual es que si pones una pelota en cualquier casa acabe -por simple gravedad- esquinada en algún muro. Las calefacciones parecen diseñadas por el mismísimo Belcebú y la presión del agua no alcanza para que vivas en un 9º y tengas lavadora. Todo está sobrepintado para ocultar los problemas y, cuando esto no alcanza, se pone masilla y todo arreglado.

Tengo dos recuerdos especiales referentes a esto.

El primero fue cuando un día llegué a mi casa en la 53 y encontré la puerta del apartamento abierta. Como es normal, pensé que me habían robado. Pues no. Había sido mi casera que como oían una gotera en el piso de abajo, había entrado -sin permiso-, llamado a un obrero -sin consultarme- y tirado un muro en mi cuarto de baño -sin más-. Buscaban la tubería con una torpeza tal que cabía -literalmente- un coche en el boquete que hicieron. Resultó que la dichosa gotera venía del vecino. Tardaron una semana en arreglar el cristo y durante esos días si quería cagar tenía que avisar a los de al lado para que saliesen de su sala de estar: desde la taza se podía ver su televisión. El muro era tan pobre que creo que con unas tijeras y un martillo puedes destruir el edificio entero en unas vacaciones que te aburras.

El segundo fue cuando me anoté a clases de francés y resultó que mi escuela estaba en el Empire State, piso 65. Pueden imaginar que se me iluminó el espíritu pensando que tendría clases casi a diario allí mismo. No cerca, dentro.

Ciertamente la vista desde el aula era brutal, en especial al atardecer cuando el sol bajaba por Nueva Jersey y brillaba el Hudson. El interior me pareció vulgar, triste, descuidado, desprolijo, sucio, desconchado, deslucido, no sé, no encuentro la palabra pero se me rompió el corazón.


sin título (Mtskheta, Georgia : 2019)


lunes, 13 de julio de 2020

viernes, 10 de julio de 2020

jueves, 9 de julio de 2020

martes, 7 de julio de 2020

lunes, 6 de julio de 2020

viernes, 3 de julio de 2020

jueves, 25 de junio de 2020

sin título (NYC : 2009)



Hice esta foto en un estado totalmente precario. Me habían invitado a ir a Nueva York para una entrevista de trabajo y todo estaba pagado, entiéndase el hotel y los desplazamientos. En el aeropuerto me esperaba una limusina que me llevó al condado de Westchester. Tuve la charla, me invitaron a comer y parece que les gusté. Ellos también me gustaron a mi. Regresé al hotel.

Antes de cenar fui a sacar algo de dinero en metálico, por eso de dejar propinas, y ahí me di cuenta que mi tarjeta española había dejado de funcionar. Así que no pude cenar y en el hotel sólo me dieron un botellín de agua (muy fría).

Por la mañana debía dejar el cuarto, me recogía un coche al atardecer, así que sin dinero salí a dar vueltas por la ciudad. No desayuné. No comí. Tampoco cené. Jugué al ajedrez en un parque con un homeless sin saber que si perdía era de buena educación darle unos dólares. Gané.

Por si fuera poco, mi cámara nueva se había roto. Era una magnífica Canon 5D Mark II pero el espejo se había soltado de modo que no funcionaba el réflex, es decir, no veía bien lo que iba a salir en la foto.

Recuerdo que hacía un calor infernal. Llegué caminando a Washington Square y vi a unos niños dándose un baño en la fuente que hay junto al arco, donde empieza la Quinta Avenida. Aún sin ser capaz de enfocar levanté la cámara y saqué un par de fotos, muerto de hambre. Supongo que tuve suerte y salieron bien.

El auto me recogió por la tarde y me llevó al aeropuerto. Mi vuelo era en primera clase, cena, chocolate, barra libre. Mientras despegábamos me comí un pan con mantequilla y me sentí un impostor.

sin título (París, Francia : 2019)


martes, 16 de junio de 2020

miércoles, 10 de junio de 2020

viernes, 5 de junio de 2020

jueves, 4 de junio de 2020

miércoles, 3 de junio de 2020

lunes, 18 de mayo de 2020

martes, 7 de abril de 2020

lunes, 6 de abril de 2020