lunes, 5 de agosto de 2019

París 4

Un día paseando con Coco por los Campos de Marte vi un huevo de pequeño tamaño en la hierba. Pensé que algún turista lo había tirado, solté algún topicazo al respecto y me quedé tan pancho.

Al día siguiente vi otro -huevo- en una calle aleatoria. Joder con los turistas hueveros. Me paré a mirarlo y claramente no era de gallina sino más pequeño. En fin, que nos piramos.

Luego durante toda la semana he visto cáscaras de huevos eclosionados aquí y allá. Cuando uno se fija están por todas partes. Huevo. En cada cañería. Huevo. En cada alero. Huevo. En cada acera. Huevo. París es básicamente un mar de huevos. Mi pregunta es ¿cómo demonios no los había visto antes? Huevo. ¿No son fascinantes los cambios en los mecanismos de percepción subjetiva -valga la redundancia-? huevo, huevo.

Para romper el misterio diré que a las palomas tampoco las traen las cigüeñas.

Huevo.

lunes, 1 de julio de 2019

jueves, 20 de junio de 2019

martes, 18 de junio de 2019

París 3

Caminabas a toda prisa por a Rue Comerce cuando te cruzaste fugazmente con dos señoras. Escuchaste, por el rabillo de la oreja, la siguiente frase dictada con un tono equilibrado de fastidio y sorpresa.

-Je ne comprends pas les hommes!

La imagen de la mujer de pelo blanco agarrada con un punto de desesperación al codo de la amiga -octogenarias ambas- y más blanca que el sulfato de bario te persiguió durante un buen rato. Al menos hasta llegar a la esquina de la Rue Motte Picquet donde había un puente tan bonito que siempre te despistaba de tus cavilaciones varias. Pese a todo fue imposible ignorar a un grupo de franceses espigados que esperaban cabalmente en el semáforo, cada uno de ellos con una barra de pan bajo el brazo. Flotaba una conversación en el aire, como si el tráfico les hubiese interrumpido. Entonces uno sentenció:

-Personne comprend les femmes...

Los demás rieron. Tú te limitaste a andar.

Jung, viejo zorro.

inktober 27