martes, enero 31, 2017

lunes, enero 30, 2017

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La ventana de casa da al típico patio de luces newyorquino con escaleras de incendios, salidas de aire, zumbidos y ventanas indiscretas donde puedes seguir la vida de los vecinos sin el menor problema. Entre dos de los bloques hay un callejón y a través de él se alcanza a ver la acera en la calle 37 y algún peatón. Si miras arriba hay un rascacielos de estilo neogótico que da con la Avenida Mádison, bastante elegante. En su parte superior tiene unas estatuas policromadas que casi nadie puede ver. Durante quince minutos al día el sol, que sale por Brooklyn y Queens, se eleva en el cielo y encuentra un ángulo exacto en el que las ventanas del rascacielos reflejan su luz y dan de lleno en mi casa que se inunda bruscamente de energía blanca y rosada, de partículas en suspensión, de sombras, brillos y claroscuros.

Son esos minutos segundos en los que pienso en los dinosaurios, en el Partenón, en la invención de la tortilla en Bilbao durante las guerras carlistas, en el azul de Yves Klein, los exilios a Siberia o el té verde. Son cosas de la vitamina D.

viernes, enero 27, 2017

jueves, enero 26, 2017

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