jueves, abril 26, 2018

NY, 26


A veces sucede que alguien viene a la ciudad y me pregunta dónde ir, qué ver, dónde cenar, esas cosas. Es frecuente -sobre todo si es verano- que le recomiende ir a Coney Island porque me parece que el lugar aglutina -como un concentrado de tinta de calamar- todos los defectos y virtudes de Nueva York en apenas un par de millas cuadradas. Es una maravilla y un despojo que hay que experimentar, su comida basura es la peor, sus baños son los más sucios, sus aguas las peores, su parque de atracciones el más tedioso y lamentable de los que he visto en la vida, su concurso de comer perritos calientes el 4 de Julio es simplemente demencial y sus espectáculos de raros, deformes, freaks, son un delirio que roza lo delictivo hoy en día. Añadamos a esto el barrio ruso que tiene al lado, las peleas entre pescadores chinos y latinos, la cabalgata de sirenas, los implantes de silicona recauchutados en tipas hiperbronceadas, los gordos, las fritangas, los niños locos con patinetes, los mazas luciendo tríceps en las canchas arenosas de voleibol, mézclelo usted con cientos y cientos y más cientos de personas, música superpuesta aquí y allí, cometas y una bandera roja que no te deja bañarte a pesar de que te estás torrando.

Lo intrigante es que todos y cada uno de estos despropósitos serían dignos de evitar la visita pero todos juntos al unísono crean un ambiente idiota de placidez atemporal que seda los sentidos, amodorra las alertas morales, trastorna los juicios propios y ajenos, y todo en espiral acaba resultando en cierto disfrute culposo. Es una especie de "mierda, me estoy divirtiendo".

Por eso de combatir mi ignorancia me molesté en informarme un poco sobre el esta isla-que-no-es-isla. Coney Island significa "la isla de los conejos"- Eso es un "coney", o lo que viene siendo un Oryctolagus cuniculus. Y es gracioso esto porque el nombre de España significa lo mismo. Hispania, en latín, posiblemente deriva del cartaginés "i-shfania" (antes de las guerras púnicas la costa levantina era de Cartago) que significa también "isla de los conejos". Por eso las monedas de algunos emperadores romanos de origen hispano, como Adriano o Trajano, tenían por un lado la cara del emperador y por otro un conejo. Resulta que este animal es originalmente autóctono de la península ibérica y desde ahí se expandió al resto del planeta. Por poner un ejemplo, en Inglaterra no existían conejos hasta el siglo XII. Ah, no se confundan con las liebres.

Pero volvamos a Coney Island, por favor. En el siglo XVII el lugar era efectivamente una isla separada de Long Island por un brazo de arena que se cubría totalmente por las mareas. Fue descubierta en 1609 (el mismo año que Drebbel inventó el termostato y Galileo demostró el funcionamiento de su telescopio) y comprada por los holandeses en 1645 a los indios nativos, según se dice a cambio de una escopeta, una tetera y una manta. Al parecer, debido a la brisa marina, la vida en Coney Island era más agradable que en Long Island o Manhattan.

Tiempo después, en 1830 se levantó un puente entre la isla y tierra firme. Ahí empezó la leyenda de Coney Island porque poco a poco aparecieron varios hoteles para que la gente de la ciudad tuviese la ilusión de estar de vacaciones sin estarlo realmente. Había un barco de vapor desde Nueva York y carruajes desde Brooklyn (que eran ciudades separadas hasta el 1900). Un inventor americano llamado Samuel Colt, famosísimo por sus inventos en el área de los rifles y pistolas, intentó construir una torre en la isla en 1845 pero luego abandonó el tema porque cuando un ferry dio acceso a la isla en 1947 de repente el lugar dejó de ser cosa de ricos y empezaron los problemas, subió el crimen, se expandieron los negocios de baja estofa, la prostitución, el juego y las rarezas. Aún así cada vez había más hoteles en la Avenida Surf, que se describiría como "el cielo al final de un viaje en metro". Desde 1880 hasta la II Guerra Mundial los parques de atracciones que se montaron era los más grandes de Estados Unidos: Steeplechase Park, Luna Park y Dreamland. La zona empezó a llamarse "el paraíso de los pobres" o el "Imperio del Centavo" porque por ese precio podías comer un perrito caliente (que nació en un sitio llamado Feltman’s Restaurant, no en Nathan's) o un knish o pagar una atracción. Coney Island tuvo su primer carrusel en 1875 y una torre de hierro de 100 metros de altura en 1877. En 1884 se levantó la primera montaña rusa del mundo y en 1894 se fabricó una noria inmensa. Luego, alrededor de 1930 la isla dejó de serlo. Se fue drenando el terreno y se acabó por convertir todo en una península.

Por resumir, tras la II Guerra Mundial el sitio se vino abajo. Incendios, crimen organizado, bandas, cambio de gustos y todo tipo de problemas acabaron por quitarle parte del encanto veraniego y muchos hoteles cerraron, así como los parques de atracciones. Fred Trump -el padre del Presidente- compró una gran porción aprovechando el declive en 1964 e intentó tirarlo todo y construir casas para ricos. Pero fracasó, aunque ya sólo esa historia da para un libro porque el tipo hasta organizó un funeral para enterrar los parques de atracciones donde chicas en bikini te regalaban perritos calientes.

El declive fue muy serio hasta el 2003. En ese año la ciudad de Nueva York decidió reactivar la zona; el plan continúa hasta la actualidad.

(...)

Quiero que entiendan mi admiración por lo demencial de Coney Island con un ejemplo histórico: el Hotel Brighton Beach a finales del siglo XIX. Era un edificio inmenso de tres plantas con 174 habitaciones que había sido construido en la isla. Pero alguien la cagó y lo hizo demasiado cerca del agua por lo que el edificio se erosionaba mucho y hasta corría el riesgo de que -con marea alta- el agua le entrase por la puerta. Imagínense el percal. ¡Pero no hay problema que eso era Coney Island! En 1888 se tomó la decisión de mover el edificio de ocho millones de libras -unas cuatro mil toneladas- unos 600 pies tierra adentro, es decir, doscientos metros. Y bueno, la locura se convirtió en realidad y por tanto en maravilla. Después de liar la de dios, se las apañaron para mover el puto hotel, que siguió abierto -y ya bien seco- hasta 1923.

Esto, señores, es Coney Island. El lugar donde todo es posible por loco que parezca.

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