martes, 23 de mayo de 2017

Notas aleatorias nº 8

Un diner es un restaurante barato americano prefabricado que abre hasta altas horas de la noche y sirve comida basura, es decir, hamburguesas, patatas fritas, sándwich club y tortitas con jarabe de arce o tarta de queso. Los más clásicos tienen cubierta metálica, aunque de esos quedan pocos. En las películas siempre hay una camarera sirviendo un café horrible de forma infinita y resulta que en la realidad suele ser igual.

Como Álvaro se va mañana de Nueva York quería regalarle un par de fotos de cuando fuimos a uno. Alba y él pidieron algo demencial (no hay manera de maquillarlo) pero era exactamente a lo que íbamos. Saqué la Pentax y estuve a lo mío, los clientes de estos sitios suelen ser personajes estilo Sallinger, cuando menos, y te llenan solos cualquier imagen. Para completar el cuadro ayudan los asientos rojo chillón, los suelos en damero, las barras brillantes y los espejos con botellas de sirope y soda; o los baños, que suelen ser un poema.

Este fin de semana -el domingo, que el sabbat están cerrados- fui al laboratorio a recoger el resultado. Chasco total, el carrete se había velado y chao, adiós a los viejos tomando sopa, a Alba y Álvaro luchando con unos huevos con patatas aplastadas o a aquella camarera cincuentona abotonándose la falda.

Amargado, recordé que llevaba en la mochila unas impresiones que habían salido mal del anterior carrete y quería que repitiesen. Me atendía un judío ortodoxo, de estos con tirabuzones y uniforme negro.

-Disculpe, me gustaría que repitiesen estas impresiones que salieron mal.

El tipo me mira y me contesta (todo esto en inglés, traduzco).

-¿Sabe usted lo que son las matemáticas?
-¿Disculpe?
-Matemáticas. Si sabe usted lo que son.
-No entiendo la pregunta.
-Le quiero explicar que si usted intenta imprimir un negativo de 12x6 en un papel de 10x8, no cabe.

Tuve que controlar mi furia instantánea. Zen. Por desgracia, lo conseguí.

-Mire, a pesar de mis escasos conocimientos matemáticos, le estoy intentando decir que en cada impresión salió la mitad de una foto y la mitad de la siguiente. Se les ha corrido la reveladora. ¿Lo ve aquí que se ve la mitad de una calle y en la siguiente impresión se ve la otra mitad?

(el tipo las mira por primera vez)

-Oh, vaya, tiene usted razón. Hay que repetirlas.

Luego me fui. Me pasé todo el día imaginando mundos paralelos y dándole respuestas geniales a la par que elegantes, humillando al señor y dejándole a la altura del betún por impresentable. Explicándole el Teorema de Pitágoras o yo qué sé. Me temo que mi contestación real fue muy poco satisfactoria.

-Vale, gracias.

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