Últimamente me fastidia un poco que ante la grandeza de unas montañas rodeadas de nubes, frente al mar en invierno o con la visión de cualquier cosa insólita alguna gente piense en su existencia, lo que ha hecho, lo que no ha hecho y lo mucho que le gusta vivir. Sinceramente prefiero el olor del pan, el tacto de unas sábanas recién cambiadas o esa sensación indescriptible de lavarse la cara en agua fresca. Serían las cosas sencillas las que echaría de menos después de muerto, si pudiese.
Echarías de menos tantas cosas que no podrías enumerarlas... sencillas y complejas... hablar, escuchar, ver y sentir lo que ya no está... o quien ya no está... mirarías atrás, tendrías un momento de pena, llámalo nostalgia y continuarías tu camino a quién sabe dónde... quizás con una sonrisa en los labios.
ResponderEliminarLa grandeza de las cosas depende de los ojos de quien mira.
:)
Ramón, tu comentario me hizo pensar en el disfrute de las pequeñas cosas accesibles. Y entonces comencé a pensar en el sabor del chocolate deshaciéndose en mi boca, el olor del café recién preparado, el perfume de los jazmines, la visión de las flores... muchas cosas más... y entre ellas tus fotografías que me hacen viajar y recorrer el mundo... y entonces recuerdo imágenes de lugares donde nunca estuve y quizás nunca estaré, es como cuando conoces una canción porque la cantaba un amigo y nunca escuchaste la versión original.
ResponderEliminarN.